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Las personas, son las personas…

Si desde las atalayas empresariales no se ponen los medios para que las personas asuman sus responsabilidades y se les ofrece la oportunidad de equivocarse y avanzar, muy difícil tendrán algunas empresas cambiar y llegar a ser competitivas.

Nos guste o no, las personas lo son todo en el mundo empresarial, la tecnología es importante pero, al fin y al cabo, es un medio para alcanzar un fin, pero sin las personas, sin la energía humana, sin la actitud y la aptitud, difícilmente las empresas podrán ser competitivas.

Las personas están permanentemente presentes en nuestro quehacer diario y en nuestra estrategia de alcanzar logros tanto a nivel operativo como, sobre todo, si su trabajo es hacer que otros hagan y que otros consigan resultados. He leído en varias publicaciones que los buenos directivos son aquellos que hacen cosas extraordinarias con gente ordinaria, pero claro de qué tipo de gente ordinaria estamos hablando, de la responsable, la comprometida, la que aporta valor, la que piensa en el cliente o estamos hablando de aquella que su único fin es cobrar a final de mes y si es con la ley del mínimo esfuerzo, tanto mejor.

Uno de los procesos más importantes que hay en las empresas es la contratación de una persona, porque cuando contratamos a una persona estamos contratando conocimientos, actitud, aptitud, compañerismo, responsabilidad, compromiso, identificación con los valores de la empresa, integridad, capacidad de trabajo, ética, habilidades, en definitiva, estamos contratando o queremos contratar talento y el talento, desgraciadamente, es un bien escaso.

Por otra parte, el talento también es exiguo en la dirección de las empresas. En el vértice de las pirámides empresariales también hay personas y como esas personas, de las que depende la empresa, los clientes, los empleados, los proveedores, etc., no tengan talento mal irá la gestión de la compañía.

La labor de contratar “talento” es importante, pero no deja de ser menos importante la labor de gestionar dicho talento. Veo empresas que están sumidas en importantes cambios propiciados por sus dirigentes, pero dichos cambios no funcionan porque son los propios impulsores los que no los dejan avanzar por sus miedos y prejuicios y se escudan en sus equipos, en su falta de preparación, poniendo la “culpa” en el tejado de otros, sin querer asumir que es su propio tejado el que hay que arreglar.

También he visto a líderes generosos que han dado apoyo, herramientas, medios, recursos y calor humano a personas menos talentosas pero muy comprometidas que han conseguido en las empresas cambios espectaculares, por lo que son las personas, en definitiva, y su forma de enfrentarse a la realidad, las que son capaces de cambiar dicha realidad y alcanzar las metas y logros previstos.

Definitivamente las personas son lo más importante en las empresas, no es un tópico, es una realidad y, por supuesto, de ellas, de las personas, depende el futuro de sus compañías. Si se trabaja con responsabilidad, compromiso, ilusión, motivación, empatía, creatividad y con energía, es difícil no salvar las dificultades del camino.  Aunque los líderes deben cumplir con su parte: cambiar la vanidad por la humildad, la avaricia por la generosidad, la anarquía por la disciplina y ver en los problemas muchas oportunidades…

José Ángel Morales Medrano                                                                                                        Socio – Director                                                                                                                                Musashi asesores consultores

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