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Planificación de ciudades, necesidades para ser Smart.

Como ya comenté en algún otro artículo, para poder hablar de ciudades inteligentes, debemos ser los ciudadanos los que actuemos en consecuencia, y en tal sentido, trasladar la responsabilidad de actuar de forma inteligente a nuestros gobernantes, particularmente a las corporaciones locales.

Hay que entender que para la consideración de una “Smart City” se ha de hablar del uso de la tecnología, no obstante, también se ha de considerar que no para todos los casos se ha de usar la misma, ni tampoco se está igual de preparado en uno u otro caso, ni técnica ni económicamente, por lo que aquello que resulta válido para una ciudad o barrio, no tiene que ser referente para otra, especialmente por existir unas necesidades distintas o por contar con unos recursos distintos.

Como ejemplo, no podemos comparar el tráfico existente en una ciudad como Madrid con otra como Segovia, donde las necesidades tecnológicas para poder regular la circulación de vehículos ha de ser distinta, puesto que  las necesidades son distintas.

Especialmente en las dos últimas décadas hemos podido ver en nuestro país casos tremendamente graves de derroche de recursos por parte de las administraciones públicas, pero claro, aquello que tiene mi “vecino” lo quiero para mí también, sin reflexionar si realmente es necesario o si lo puedo pagar. Me viene a la memoria actuaciones para la construcción de aeropuertos, tranvías, depuradoras, colegios, institutos, carreteras, etc. donde, o bien han sido innecesarias, inviables económicamente o se han quedado pequeñas desde el primer momento, que, independientemente de otros pensamientos sobre el porqué se han llevado a cabo, sí que denotan una falta de planificación tremenda, y por lo tanto, han supuesto un gasto innecesario o bien muy mal gestionado.

Como recordatorio, señalar que el “Plan Nacional de Ciudades Inteligentes” publicado en el mes de marzo de 2015, recoge que en los próximos años, ciudades de todo el mundo deban estar preparadas para prestar servicios de manera sostenible (gestión de agua potable, transporte, aire limpio, movilidad, formas de vida, economía, comunicación, administración, habitantes, etc.) lo que constituirá un reto de extraordinaria magnitud para los responsables de los recursos públicos.

Hablar de una “Smart City” es referirse a tener una visión holística de la ciudad, y no solo desde el punto de vista del aprovechamiento por parte de toda la ciudad de la medida a llevar a cabo y su tecnología, sino de las posibles consecuencias futuras en caso de que dicha medida se haya tomado sin un objetivo determinado y al final resulte que, la inversión prevista inicialmente, se ha transformado en un gasto presente.

En este sentido, el uso de la tecnología de la que hablaba en el segundo párrafo, se ha de entender necesaria si ésta se emplea una vez se hayan identificado cuáles son las necesidades reales de la ciudad y habiendo establecido los objetivos estratégicos de la misma, puesto que de lo contrario, al igual que ocurre en cualquier ámbito de la vida, se pueden estar dando “tiros al aire” si no se tiene un rumbo definido en beneficio de todos los agentes que conforman la ciudad.

                                                                                     Javier Artacho Reboso                                                       Socio – Director Musashi Asesores ConsultoresConecta

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